FUNDACIÓN NO TE CALLES

A veces, proteger a un niño empieza por no callarse.

La protección de la infancia no es responsabilidad de una sola persona. Es responsabilidad de toda la comunidad educativa: dirección, profesorado y todas las personas que forman parte del día a día del centro.

MIRAR, DETECTAR, ACTUAR

Hay señales que no llegan en forma de palabras.

Un cambio de comportamiento, un silencio que antes no estaba, una mirada diferente o esa sensación de que algo no encaja.

Por eso, mi trabajo junto a la Fundación No Te Calles se centra en acompañar a los centros para que sus equipos estén preparados para mirar, detectar y actuar.

CULTURA DE CENTRO

No basta con querer proteger. Hay que saber cómo hacerlo.

No basta con querer proteger. Hay que saber qué observar, cómo reaccionar y qué hacer cuando aparece una señal de alarma. La protección tiene que formar parte de la cultura cotidiana del centro, no quedarse únicamente en un documento o un protocolo.

El objetivo es sencillo de explicar y difícil de conseguir: que ninguna señal pase desapercibida y que las personas que forman parte de un centro sepan cuál es su papel cuando algo no encaja.

UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

La protección se construye entre todas las personas del centro.

01

Mirar

Crear una comunidad atenta a cambios y señales que pueden pasar desapercibidos en el ritmo diario.

02

Entender

Clarificar responsabilidades y conseguir que el equipo sepa qué observar y qué significa cada paso.

03

Actuar

Preparar a las personas para responder con criterio cuando aparece una señal que requiere atención.

EL OBJETIVO

Que ninguna señal pase desapercibida.

Y que las personas que forman parte de un centro sepan cuál es su papel cuando algo no encaja.

CONVERSEMOS

¿En vuestro centro todo el equipo sabría qué hacer si algo no encajara?

Podemos empezar por revisar la realidad del centro y entender qué necesita el equipo para convertir la protección en una cultura compartida.

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